viernes, 29 de julio de 2016

Clasificando realidades

De chica tenía el impulso de clasificar a las personas según su aspecto, su ropa, su forma de ser, sus ideales... A medida que fui creciendo, fui elaborando diferentes modelizaciones basadas en la observación. Hoy voy a contar algo que me pasó y que refuerza mi teoría...
Quien no me conozca, supondrá que esta análisis es bastante superficial. Y quizás no este tan errado. Sin embargo, quienes si me conocen saben que soy de hacer estos análisis de personas en tipos puros. Que, a diferencia de los weberianos, se dan en estado puro muchísimas veces.
Hace poco tuve una charla que me abrió la cabeza. No porque la tuviera cerrada, sino porque verbalicé algo que sentí toda mi vida. El simple hecho de poner en palabras lo que se siente, duele. Y mucho.
El tema fue así... hablaba con una amiga a la que conozco hace poco pero con la que tengo grandes charlas, y compartimos muchas opiniones. Ella me contaba que en una reunión vio en su hija a ella misma, sintiéndose menos. De segunda fue la frase exacta. Me relató lo feo que se sintió. No hizo falta, porque lo sentí en carne propia toda mi vida. Y lo veo en mi hijo. No se si queriendo o no, pero parece que los padres replicamos en nuestros hijos parte de nuestra esencia.
Lo peor de esto es que solo me va a entender un igual, un par. Alguien que nunca lo sintió va a desestimarme. Quien lo sufrió y sufre sabe de que hablo.
Te sentís de segunda cuando no entras en la categoría vip o <popular> entre tus amigos del colegio. Te sentís de segunda cuando vas a una fiesta y pasas desapercibida porque siempre hay una que te gana de mano el pibe que te gusta.
Te sentís de segunda cuando te das cuenta que no encajas. 
Te sentís de segunda cuando no sos importante para nadie, excepto una o dos personas. 
Te sentís de segunda cuando ves que el otro no te considera un par, un igual. Puede ser por apariencia física, por poder adquisitivo, por pertenencia a una etnia. Es complicado explicar con palabras esto que sentimos algunos. Si puedo decir que se siente horrible, y ver que le pasa a otras personas no ayuda. Ver como le pasa a tu hijo, menos. Te llena de bronca. Hacia una misma por haberle pasado el gen. Hacia la sociedad que replica estas relaciones de poder. Hacia quienes "son de primera" por el mero hecho de serlo.
Del otro lado tenemos a "los de primera". Esos a los que la vida parece sonreirles aunque estén en su peor momento. No se si se darán cuenta, pero cautivan a quien se les cruce. No saben lo que es ser dejados de lado ni olvidados. Son aceptados por sus pares, otros de primera.