En los últimos años se han incrementado los casos en que la victima pasa a ser victimario: un delincuente asalta a una persona, y esta persona hiere o mata al delincuente. Acto seguido, la victima del asalto es detenido y comienza un proceso legal donde se lo acusa de asesinato. Si lo miramos legalmente, es así. Uno no puede andar por la vida haciendo uso de la violencia para defenderse o vengarse. Moralmente, la victima tiene derecho a defenderse como sea. La linea entre lo legal y lo moral es tan delgada que a veces no distinguimos la diferencia. Si nos apegamos a la ley, no podes ejercer violencia sobre otro ser humano aunque este te haya agredido previamente. Para eso esta la justicia (supuestamente... en mi amado país, la justicia es hermana de Manuelita y la venda es transparente).
Hay una teoría que afirma que antes de la instauración del estado tal como lo conocemos, los hombres estaban en un estado de naturaleza. El contractualismo la propone, y es muy aplicable a esta situación. Esta idea de Estado de naturaleza hace referencia a un hombre en estado natural, donde los hombres son iguales en sus facultades físicas y psicológicas, y no hay un poder común que los condicione a comportarse de determinada manera. Bajo este presupuesto, los hombres viven en un estado permanente de guerra de todos contra todos (o guerra civil). Cada persona tiene la libertad o el derecho natural de hacer cualquier cosa. Aun si esto hiere o mata a otro. Dentro del estado de naturaleza no hay propiedad privada ni injusticia porque que no hay ley. El autor contractualista Thomas Hobbes desarrolla la manera de salir del estado de naturaleza hacia la sociedad organizada mediante un Contrato mutuo.
Siguiendo la linea, el acto de hacer justicia por mano propia responde a un hombre en estado de naturaleza. No hay un estado que delimite lo que se puede o no hacer. Y ahí mis queridos, esta el quid de la cuestión de lo moral/lo legal.
Nos encontramos en un estado de derecho. Esto significa que contamos con un estado que señala que lo que es legal de lo que no. Este estado es el que imparte justicia ante un hecho ilegal. Sin embargo, la población de mi país ha observado de un tiempo a esta parte que esta dichosa justicia es muy lenta, poco imparcial y en muchos casos injusta. Las penas que aplica a actos ilegales se han vuelto ligeras, livianas. El esclarecimiento de un hecho delictivo lleva mucho tiempo. Y la gente se cansa de depender de una justicia que muchas veces responde por el delincuente, y no por la victima. Se supone que la justicia debe bogar por los derechos de quienes no llevan a cabo ningún acto criminal, pero se vislumbra que en la practica no se da de este modo. Dejando de lado el debate de la antiquísima legislación con que cuenta mi país, y la forma en que la ejerce... debo decir que efectivamente nos encontramos en una especie de estado de naturaleza. El delincuente es amo y señor de las calles. Hace y deshace a placer, y la justicia hace poco y nada. Uno debe entregar la billetera, el celular, el auto y dejar que el otro se apropie de lo que no le pertenece. El delincuente puede incluso, terminar con la vida de la victima. Cuantos casos conocen donde se haya condenado efectivamente y justamente un caso de robo, asesinato, fraude? Si sucede, se da muchos años después. No sirve que la justicia falle a mi favor si el hecho ocurrío 3 años antes. De nada sirve que el asesino/violador/estafador sea condenado y apresado si en el medio estuvo libre y siguió delinquiendo. La premisa de que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario debe ser tomada con pinzas. No seamos ingenuos. Si el acusado presenta antecedentes similares y el hecho es grave, no puede andar libre por la vida como cualquier mortal.
Podría seguir argumentando sobre este tema y exponiendo distintos autores hasta la semana que viene. Lejos de justificar el matar al que te robo, puedo decir que es entendible dado que estamos en un pseudo estado de naturaleza. Nos guste o no.Y no depende únicamente de que en los últimos tiempos se haya dado rienda suelta a jueces garantistas que liberan delincuentes como panchos por su casa. No depende únicamente de que los famosísimos DD. HH. se otorguen a quienes no los merecen porque fueron sobre los derechos de otro ser humano. Depende de la decadencia de lo que somos como sociedad. Depende del poco interés que tiene la clase gobernante (Y METO A TODOS EN LA BOLSA: fundamentalistas K, macristas, peronchos, radicales, zurdos, socialistas, anarquistas... ABSOLUTAMENTE TODOS) tiene poco interés real en que esto cambie. El motivo lo supongo, no lo se con certeza. Cuanto mas "entretenidos" estemos en cuestiones ajenas a lo que significa DEMOCRACIA, mas nos pueden robar. Es así,el que llega al poder, no lo hace limpiamente. Ninguno. Y me hago cargo. La política es sucia.
Finalizo mi exposición dando un consejo. Preocupémonos de que los delincuentes no delincan, y así va a mermar esta estadística. Eduquemos a soberano. Es clave que la clase gobernante, sin importar bandera, tome partido activamente en esto y se comprometan a que cambie. El cambio no se va a dar de un año para el otro, pero considero que es posible. Creo fervientemente en que los victimarios en estas situaciones no son del todo culpables. Matar no está bien. Priorizó la vida ante todo. Sin embargo puedo entender a quién en un momento límite actúa de manera moral y no legal.
Pensamientos que no siempre son políticamente correctos o que coinciden con el común de la gente.
jueves, 15 de septiembre de 2016
viernes, 29 de julio de 2016
Clasificando realidades
De chica tenía el impulso de clasificar a las personas según su aspecto, su ropa, su forma de ser, sus ideales... A medida que fui creciendo, fui elaborando diferentes modelizaciones basadas en la observación. Hoy voy a contar algo que me pasó y que refuerza mi teoría...
Quien no me conozca, supondrá que esta análisis es bastante superficial. Y quizás no este tan errado. Sin embargo, quienes si me conocen saben que soy de hacer estos análisis de personas en tipos puros. Que, a diferencia de los weberianos, se dan en estado puro muchísimas veces.
Hace poco tuve una charla que me abrió la cabeza. No porque la tuviera cerrada, sino porque verbalicé algo que sentí toda mi vida. El simple hecho de poner en palabras lo que se siente, duele. Y mucho.
El tema fue así... hablaba con una amiga a la que conozco hace poco pero con la que tengo grandes charlas, y compartimos muchas opiniones. Ella me contaba que en una reunión vio en su hija a ella misma, sintiéndose menos. De segunda fue la frase exacta. Me relató lo feo que se sintió. No hizo falta, porque lo sentí en carne propia toda mi vida. Y lo veo en mi hijo. No se si queriendo o no, pero parece que los padres replicamos en nuestros hijos parte de nuestra esencia.
Lo peor de esto es que solo me va a entender un igual, un par. Alguien que nunca lo sintió va a desestimarme. Quien lo sufrió y sufre sabe de que hablo.
Te sentís de segunda cuando no entras en la categoría vip o <popular> entre tus amigos del colegio. Te sentís de segunda cuando vas a una fiesta y pasas desapercibida porque siempre hay una que te gana de mano el pibe que te gusta.
Te sentís de segunda cuando te das cuenta que no encajas.
Te sentís de segunda cuando no sos importante para nadie, excepto una o dos personas.
Te sentís de segunda cuando ves que el otro no te considera un par, un igual. Puede ser por apariencia física, por poder adquisitivo, por pertenencia a una etnia. Es complicado explicar con palabras esto que sentimos algunos. Si puedo decir que se siente horrible, y ver que le pasa a otras personas no ayuda. Ver como le pasa a tu hijo, menos. Te llena de bronca. Hacia una misma por haberle pasado el gen. Hacia la sociedad que replica estas relaciones de poder. Hacia quienes "son de primera" por el mero hecho de serlo.
Del otro lado tenemos a "los de primera". Esos a los que la vida parece sonreirles aunque estén en su peor momento. No se si se darán cuenta, pero cautivan a quien se les cruce. No saben lo que es ser dejados de lado ni olvidados. Son aceptados por sus pares, otros de primera.
Quien no me conozca, supondrá que esta análisis es bastante superficial. Y quizás no este tan errado. Sin embargo, quienes si me conocen saben que soy de hacer estos análisis de personas en tipos puros. Que, a diferencia de los weberianos, se dan en estado puro muchísimas veces.
Hace poco tuve una charla que me abrió la cabeza. No porque la tuviera cerrada, sino porque verbalicé algo que sentí toda mi vida. El simple hecho de poner en palabras lo que se siente, duele. Y mucho.
El tema fue así... hablaba con una amiga a la que conozco hace poco pero con la que tengo grandes charlas, y compartimos muchas opiniones. Ella me contaba que en una reunión vio en su hija a ella misma, sintiéndose menos. De segunda fue la frase exacta. Me relató lo feo que se sintió. No hizo falta, porque lo sentí en carne propia toda mi vida. Y lo veo en mi hijo. No se si queriendo o no, pero parece que los padres replicamos en nuestros hijos parte de nuestra esencia.
Lo peor de esto es que solo me va a entender un igual, un par. Alguien que nunca lo sintió va a desestimarme. Quien lo sufrió y sufre sabe de que hablo.
Te sentís de segunda cuando no entras en la categoría vip o <popular> entre tus amigos del colegio. Te sentís de segunda cuando vas a una fiesta y pasas desapercibida porque siempre hay una que te gana de mano el pibe que te gusta.
Te sentís de segunda cuando te das cuenta que no encajas.
Te sentís de segunda cuando no sos importante para nadie, excepto una o dos personas.
Te sentís de segunda cuando ves que el otro no te considera un par, un igual. Puede ser por apariencia física, por poder adquisitivo, por pertenencia a una etnia. Es complicado explicar con palabras esto que sentimos algunos. Si puedo decir que se siente horrible, y ver que le pasa a otras personas no ayuda. Ver como le pasa a tu hijo, menos. Te llena de bronca. Hacia una misma por haberle pasado el gen. Hacia la sociedad que replica estas relaciones de poder. Hacia quienes "son de primera" por el mero hecho de serlo.
Del otro lado tenemos a "los de primera". Esos a los que la vida parece sonreirles aunque estén en su peor momento. No se si se darán cuenta, pero cautivan a quien se les cruce. No saben lo que es ser dejados de lado ni olvidados. Son aceptados por sus pares, otros de primera.
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